La resiliencia de Millonarios

Anoche, 7:50 pm, las 38000 personas que estaban en el Estadio Nemesio Camacho, y las más de 50000 que estaban en el Parque Simón Bolívar, y los 7 millones de hinchas que según El Colombiano tiene Millonarios en el país, pudieron lanzar el grito que desde 1989 estaba atascado: campeones. "La catorce, tenemos la catorce!". Porque ya nadie puede quitarnos a los hinchas azules esa estrella 14 que tantas veces estuvo cerca, y otras tantas estuvo muy lejos.

La verdad, reconozco que hace siete meses no creía eso. El equipo dio un vuelco total anímico, que no técnico: no se podía pedir mucho si se seguía con los mismos Cosme, Wason, Mayer, Franco y Román Torres a los que les fue tan mal en el primer torneo. Y eso sólo se puede achacar a una persona: Hernán Torres, el técnico que hasta ayer a las 5 de la tarde había perdido todas las finales que había disputado, y que estaba consiguiendo cierta fama de lechona. Ayer, cuando Delgado atajó el penal que fue a cobrar el joven Andrés Correa, se sacudió dicha fama y se inscribió en la lista de Paternoster, Ochoa Uribe, el Cheque García y Pedernera como técnicos campeones con Millonarios.

Y eso habla muy bien de la resiliencia de Millonarios, esa oportunidad de fortalecerse con las derrotas. Pasó luego del partido en Madrid: vino el equipo y barrió con la fase regular del torneo. Lo mismo ocurrió con Palmeiras y Gremio: después de perder con ambos en Brasil, se fortaleció en El Campín y los derrotó a ambos. Y a la eliminación de la Suramericana a manos de Tigre, la siguió con una victoria en Ibagué que lo llevó a la final. Y al penal que ayer atajó Delgado.

Pero eso fue algo que muchos de los hinchas no tuvimos. Esa resiliencia no se notó en los hinchas que, en muchos casos, estuvimos a punto de mandar todo a la mierda. Estuve en el partido contra el Junior, ese 0-0 tenso en el que sólo se escapó la alegría del hincha por volver a una final después de 16 años luego de 10 segundos que dentro del estadio parecieron 10 días. Y ayer la gente callada, casi asustada con el gol del Medellín. Las memorias de Tigre, de Madrid, de los anteriores 33 torneos en los que no se dio. Y en los penales, el pánico era patente en una hinchada incrédula.

Pánico que no se notaba en gente como Franco, que se pasó el período del cobro arengando a sus compañeros. U Otálvaro, que peleando hasta el último metro mandó el centro con el que Cosme anotó el gol azul en el minuto 44. O Delgado, la prueba física de la resiliencia. Su esposa sufre cáncer de seno, y ese aliento fue el que hizo que siguiera. Había sufrido los 8 goles del Real Madrid. Había "regalado" la anotación a Zapata. Pero anotó su tiro desde el punto penal, el sexto. Y le atajó el penal a Correa para que todo el mundo saliera y celebrara.

Eso es trabajo de Torres. Cierto que entre los principales artífices de este título está José Roberto Arango, que rescató al equipo de la barrena en la que estaba en 2008. Y Felipe Gaitán, que fue capaz de revertir sus errores para contratar a Wason, Román Torres y Otálvaro, vitales en el camino al título de ayer. Obviamente los jugadores tuvieron todo que ver. Pero Hernán Torres fue el que le dio a este equipo esa resiliencia, que por poco se le escapa a Wason cuando se agachó a no ver los penales después de anotar el suyo propio. Y eso es algo que a este equipo le faltaba. Y que al fútbol colombiano le falta. Esa garra y ese deseo de pelear hasta el último metro, el último penal, el último segundo. Felicitaciones a Millonarios. Y a Hernán Torres: gracias. Gracias, todas las gracias del mundo por darle esa garra al equipo. Suya es la decimocuarta estrella que ahora está en el escudo de Millonarios. Y sigamos así, ahora por la Libertadores y la Superliga contra el vecino. Y por supuesto, vamos por la 15.


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La inferioridad mental de Millonarios.

El Trofeo Bernabeu da un nuevo paso atrás en un deslucido partido ante un rival muy inferior.

Goal.es subtituló así su crónica del Madrid 8 - 0 Millonarios que terminó hace pocas horas en el Santiago Bernabeu. Tal cual. El Real Madrid de José Mourinho nunca tuvo mayor problema para vencer a un cuadro azul que estaba muy, muy, muy por debajo de las expectativas, de su historial, de la importancia del partido. Fue un equipo al que se lo tragó la cancha, al que simplemente no le dio para jugar ante el segundo mejor equipo del mundo, el campeón de la Liga 2011-12, el equipo que se da el lujo de banquear a Kaká para que meta tripleta en un torneo amistoso.

Pero el tema no es ese. En el entretiempo yo preguntaba si de verdad la gente que se burlaba por los cinco que había recibido creía que sus equipos eran capaces de hacerle partido al Real Madrid. Otros tres goles después, yo creo que ningún equipo del fútbol colombiano sería capaz de pararse ante este Madrid en ese estadio. Y no solo por la evidente diferencia de nivel entre los jugadores (al fin y al cabo, algo va de Kaká a Tancredi), sino por una diferencia mucho más sutil pero que puede llegar a ser aún más importante que la de calidad futbolística: la mental.

Los jugadores de Millonarios salieron a nada. Perdían las pelotas (en todos sentidos) cuando se enfrentaban a los de blanco. Llámese Kaká o Callejón. Y lo peor es que Torres fue capaz de plantear el partido como si no tuviera al frente al Real Madrid, sino al Real Cartagena. Un solo volante de marca en un 4-5-1 para marcar a un equipo cuyo objetivo es quitarle la pelota al Barcelona. Hernán Torres se obnubiló, y los 11 de azul se obnubilaron también. No fueron capaces de afrontar el peso del partido.

Algo que no es exclusivo de Millonarios, sino más bien, la regla en el FPC. Había que ver cómo los jugadores de Millos, América y Huila se botaban a pedir la camiseta de Falcao cuando vino de gira el Atlético de Madrid, en mayo. La Roca Martínez (que hoy hizo todo lo que le amerita su apodo: fue de piedra) sólo salió detrás de Kaká para pedirle la camiseta en el medio tiempo. Es saberse inferiores y pretender agarrar una pizca de la gloria cuando aparece, no ir a ganarla por ellos mismos. Como dice el dicho de mi tierra, "ven a Dios y se asustan".

Porque puede que nivel haya. Veamos a Falcao, que es fenomenal, y nacido acá mismo pero desarrollado en Argentina, en River, donde la gloria había que ganarla con goles y no con atisbos. Veamos la historia de Willington, o la del Pibe. Tipos que tuvieron hambre de gloria y que la consiguieron, y que combinaron sus cualidades con esa garra. Veamos a Uruguay, que en el 2010 no era ni mucho menos equipo para ser semifinalista pero a punta de coraje (así sea el de Suárez para meter la mano y convertir un gol fijo en penal, en el partido contra Ghana) lo consiguió. El mismo Di Stéfano, que era el homenajeado hoy, decía en una entrevista que en sus tiempos de jugador, pedía a los compañeros hacer cinco goles: tres por ellos mismos y dos por los hinchas.

Tal vez Millonarios no vuelva nunca a jugar contra el Real Madrid. Pero si se da de nuevo, ojalá sea con esa valentía ya puesta. Y ojalá el nivel del fútbol colombiano dé para reemplazar las falencias técnicas con garra, que tanto nos falta. No estoy de mal genio porque se haya perdido 8-0 con el Madrid: lo estoy porque el equipo nunca tuvo la intención de conseguir un golcito, el de la honra. Que es el gol de la honra porque demuestra que el equipo tuvo el honor de ir a buscar el partido a pesar de todo. La honra no era poner 11 tipos contra el Madrid en el Bernabeu, sino jugarles el partido, y eso Millonarios no lo hizo.


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Ni un peso a esos petardos

Tres medallas de plata y una medalla de bronce, con amplias posibilidads de al menos una. Hoy, 8 de agosto, ese es el balance de los Juegos Olímpicos de Londres para la delegación colombiana, de 105 deportistas. 105 historias diferentes, desde un ciclista que hace parte del mismo equipo que el ganador del Tour de France (y de hecho ganador del oro en contrarreloj) hasta una judoka cuyo entrenador trabajó tres años sin cobrar, porque no tenía aprobados recursos para su trabajo.

Recursos, una palabra que se ha mencionado mucho en estos meses. La gente, la misma gente que se olvidó de los atletas que sacaron medallas en Beijing 2008, y la misma gente a la que en un año no le va a sonar el nombre Yuri Alvear, está en estos momentos de brillante efervescencia pidiendo a grito herido que se le quite el dinero a los petardos que se visten de amarillo, que juegan regados por el mundo y que son "dirigidos" por un argentino para pegarle (mal) a un balón. En síntesis, que no se le dé más plata a la Selección Colombia de fútbol masculino.

Y eso es, para empezar, populachero. Saltar a decir que hay que apoyar más a los tres que ganaron que a los 18 que no ganaron nada es, directamente, subirse a su propio bus de la victoria: acaso Urán corre para el Colombia es Pasión? O dónde estaban los recursos del sueldo del entrenador de Yuri Alvear en los últimos tres años? Ahora sí se justifica apoyarlos?

Porque tampoco es que los atletas olímpicos no tengan tal apoyo. El Centro de Alto Rendimiento en Bogotá es uno de los más completos de Latinoamérica. Coldeportes ha invertido en este ciclo olímpico una cifra récord. Otra cosa es que con los números exorbitantes que maneja el fútbol, la inversión de Coldeportes se vea pobre en comparación.

Dinero que, por otro lado, no sale propiamente de Coldeportes. El del fútbol, me refiero. La inversión en el fútbol tiende a ser mayormente privada, al menos al nivel selección: Bavaria, Homecenter y Movistar cubren la mayor parte de las cuentas que Pékerman y asociados cobran. En clubes la cosa es diferente, pero como estamos hablando de deportistas en representación nacional, sería justo asociarlos con sus pares de las selecciones, no con los jugadores de un Huila, Patriotas o Cartagena que sobreviven por los patrocinios de sus regiones y por los pocos que van cada quincena al estadio.

Porque ahí está otro de los problemas del deporte colombiano: la falta de apoyo no es solo que papá gobierno bote unos milloncitos más para pagarle mejor sueldo a los entrenadores, o comprar más máquinas para el Centro de Alto Rendimiento. El apoyo parte desde las mismas competencias locales, partiendo por los juegos nacionales que cada vez están más regados porque no hay cómo hacerlos en un departamento únicamente. Competencias que en ningún lugar se ven, y a las que muy poca gente va.

Ese es el verdadero apoyo que necesitan los atletas. No es necesario exigir que todo el mundo siga taekwondo y que por ende los estadios queden desiertos. O acabar con la Federación Colombiana de Fútbol para empezar de ceros con jugadores amateurs sacados de Tumaco y Puerto Tejada. Lo necesario, eso sí, es que los colombianos en pleno apoyen más a los atletas, yendo a sus partidos, siendo audiencia cuando los pasan, y en fin, subiendo el perfil de los deportes olímpicos. Así se asegura una mayor inversión económica, y con ella, un mejor resultado en futuras olimpíadas.

Mientras tanto, si seguimos diciendo que Urán es un petardo porque no volteó a mirar a Vinokourov, si cremos que se perdió un oro en vez de ganarse una plata, no debe sorprendernos que no ganemos oros, sino una que otra plata. Y que esos petardos no reciban un peso.


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Se busca calma en Millonarios

Otro torneo, otra eliminación de los 8. Millonarios la selló el pasado sábado con una derrota ilógica contra un rival directo, el Pasto. El equipo azul sigue en la misma mediocridad que lleva desde 2003. Entre los pleitos de Páez con la tribuna, los anuncios de amistosos deslumbrantes, Ithurraldes, Leo Castros, Proyectar Valores y otros problemas, se borró todo lo bueno que se había conseguido el año pasado, título de Copa y clasificación a Suramericana mediante. La situación tiene un ominoso parecido a la posterior a la Suramericana del 2007, con un equipo armado para grandes cosas pero cayéndose a pedazos, con un téncico extranjero incapaz de reconocer su propia mediocridad, una nube de petardos liderados por un viejo ídolo de la hinchada, y un proyecto (López entonces, Azul y Blanco ahora) que parece dejar al equipo peor que como lo recibió. Lo que es mucho decir.

Sí. En el anterior párrafo fui lo más alarmista posible. Este es un modelo retórico que usaba Churchill en la Segunda Guerra Mundial, y aunque no tengo ninguna intención de asimilarme con el primer ministro capaz de levantar a Gran Bretaña y al imperio de su postración en el 40, ni estoy comparando el Blitz con la situación actual de Millonarios, sí estoy usando ese modelo retórico con la misma intención de Churchill: pedir calma y apoyo para el modelo.

En estas situaciones de crisis, los alarmistas pululan. Cuando Millonarios estaba en crisis en el 2009, Germán Casas empezó a gritar que se iba a acabar el equipo, en la rapiña en la que Juan Carlos López y Luis Augusto García lo habían sometido. Hoy, gente como Santiago Talero, el abogado que en plena asamblea de Azul y Blanco sacó una especie de "memorial de agravios" con el incumplimiento de las promesas de la administración de Felipe Gaitán, tiene la posición de Casas de servir como profetas de la catástrofe. Con los problemas de Proyectar Valores, y su vinculación con varios de los principales accionistas de Azul y Blanco, el tema financiero resulta preocupante, y no colabora para nada que los hinchas pidan una barrida total del equipo que dio más pena que otra cosa en la Liga Postobón 1.

¿Por qué pido calma en Millonarios? Porque se necesita y no se consigue. Cuando se pide una barrida total, se pide que se haga una contratación masiva, para la cual no hay recursos. Sin esos jugadores que se piden, da la apariencia que se va a jugar a sobrevivir, a ver si de pronto entramos a los ocho por la puerta trasera. Y si no se entra a los ocho, no hay ingresos de taquilla ni clasificación a copas internacionales, y la gente deja de ir, lo que da aún menos recursos para aún menos contrataciones, miles de auditorías para todos (?) y todo termina en la B, como con el América.

ALTO!

Hay un fenómeno exclusivo de Millonarios, que es la presión. No hay equipo que esté más presionado que Millonarios. El "movete, dejá de joder". La prensa analizando cada paso que se dé o que no. Y no sólo la prensa local, sino la nacional: los noticieros, los programas de RCN, Todelar y Caracol, El Tiempo. Todos pendientes y echándole demasiada presión a un equipo que no aguanta más, que se puede reventar como una olla. Y mientras más se putee, más presión se le va a echar hasta que estalle, y ahí hay que ver qué queda, si queda algo.

Por tanto, la solución es quitar la presión. No desviarla, como se hace con las acciones de Noemí con jeques, partidos en Madrid y convenios con clubes europeos. Tampoco evitarla, como lo hace la misma junta directiva ignorando todo y no dando la cara ante la prensa.

Pero, ¿cómo quitar la presión? A continuación, una opinión tripartita de lo que debe hacerse para bajarle la presión a esa olla a punto de estallar.

La primera punta es la directiva. Puede tomar lo que han hecho equipos como Equidad o Chicó: darle estabilidad a un cuerpo técnico a pesar de los resultados. Formar jugadores y desarrollar un equipo propio. Bajar el precio de las taquillas para que vaya más gente al estadio. Y no decir que vamos por la 14, la 15 o la 16, sino hacer lo que hacen los equipos de NFL o NBA: que las directivas salgan diciendo "este es un año de reconstrucción, no nos pidan título ni entrada a los ocho". Sean honestos, por favor.

La segunda punta es la prensa. Si la directiva va a arriesgar un año de consolidación, hay que aceptar que es una consolidación, y como tal no se le puede pedir títulos. Tampoco salir a asesinar y a poner al equipo en riesgo de descenso cada vez que el equipo pierda.

Y la tercera punta es la hinchada. Pedir que los hinchas no pidan título es superfluo, así que yo creo que la prensa debe colaborar a que la gente no comience a putear como locos. Sobre todo las barras, que son los que tienen más aguante pero no se aguantan un mal pase. Tampoco se puede acabar a los jugadores jóvenes porque la cagan: son jóvenes, la van a cagar. Matar a un Pedro Franco o a un Cosme, por ejemplo, implica que a la siguiente van a ir presionados y van a reaccionar más mal. Si pretendemos consolidar el equipo y una nómina propia, no podemos ponernos a devaluarla diciendo que son unos petardos.

Es medio estúpido, tal vez, lo que propongo. Pero así funcionó con un Chicó, un Equidad, un Itagüí, un Santa Fe, un Tolima. Ninguno de esos equipos tiene la presión que maneja Millonarios, y los cinco han estado disputando con variado éxito la punta de los últimos torneos. Sólo se pide eso, bajar la presión. Es algo que puede ayudar a un equipo en el que esa es la única constante.


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Hincha de lo que se me dé la gana

Escribo el presente post haciendo zapping entre ESPN e ESPN+. En uno está un excelente partido del fútbol inglés, entre el Manchester City de Mancini, segundo en el campeonato, y el Chelsea que pelea puestos de Champions League. En el otro, un partido no tan excelente entre el Atlético de Madrid que con gol de Falcao García le gana al Athletic de Bilbao en el Vicente Calderón. En uno no tengo a quién apoyar ni por qué apoyarlo. En el otro, apoyo a los dos, tanto por el gran fútbol que Bielsa le impuso al equipo vasco, como por la presencia de Falcao en los colchoneros.Y es eso normal en el fútbol; de hecho, en todo lo que uno hace. Tomar partido por una opción contra otra(s). En el caso del fútbol, apoyar a un equipo entre los muchos de una liga.

Adolfo Zableh, para su blog en Soho, escribió esta diatriba sobre los "hinchas" del Barcelona. Sumamente fuerte, al "estilo" del escritor de verdades absoultas que se cree Zableh. Lo interesante es que estoy de acuerdo con varios postulados que plantea en dicho artículo. Sinceramente, no puedo tomar en serio a aquellos que siguen al equipo de moda: que fueron hinchas del Milan en 2005, hasta que el Liverpool les volteó la final y comenzaron a cantar ahí "You'll Never Walk Alone". En sus casas están las camisetas (si no las botaron) del Boca de los colombianos, el Madrid galáctico, el Chelsea de Mourinho, y ahora las del Barça de Guardiola. Es gente que sí, es fanática del fútbol, pero que toma el camino fácil de escoger el equipo más ganador del momento y que, por ende, es pasajera habitual del bus de la victoria.

El bus de la victoria. Foto tomada en los tiempos del Arsenal de Henry y Bergkamp (?)

Ha terminado el partido del Atlético, que ganó 2-1 al Athletic Bilbao. Me alegro porque Falcao metió dos goles, pero no voy a restregarlo a nadie. Acaso digo tres cosas en Twitter. Pero no me voy a matar con nadie por eso, es un partido más entre los cientos del fútbol moderno. Cosa que no pasa con los partidos de Millonarios, el equipo del que decidí hacerme hincha aún cuando había un equipo boyacense en la B, llamado Lanceros. Y me volví simpatizante de Patriotas después, ya viviendo en Bogotá.

Porque ahí viene el tema de por qué uno se hace hincha de un equipo, sea el que sea, y cuál es la contradicción que radica en el tema de la entrada de Zableh. El creer que hacerse uno hincha de un equipo que no sea el de los papás de uno, o de la ciudad de uno, lo hace a uno automáticamente una persona de nivel inferior, un paria del fútbol (así lo describió el mismo Zableh). Porque a uno no lo hace hincha el ver al equipo en la ciudad de uno, menos en esta época de contratos televisivos de siete figuras en dólares, streamings por Internet, redes sociales, cambios de camisetas cada año, e infinidad de páginas dispuestas a servir el deseo de los hinchas.

Es apenas obvio que la gente apoye al Barcelona de Messi: cómo es posible, para alguien que acaba de empezar a ver fútbol, no apoyar a un equipo que juega tan bien? Aún más cuando cada día hay al menos un artículo en los periódicos, y no me refiero a los deportivos, sobre este Barça de Guardiola y del Madrid. Cuando tanta saturación está presente, se hace ingenuo pensar que alguien va a dárselas de irreverente y decir que en vez de hacerle barra al Real Madrid se la haría al Rayo Vallecano, como propuso Zableh en su artículo. Es poco probable que algún observador casual apoye a un Getafe, si resulta que en las noticias sólo sale el Getafe cuando lo pasea el Barcelona o el Madrid, o le anota gol Falcao.

Porque esa es la verdad: uno se vuelve hincha de un equipo por un factor social. Porque es el equipo de los padres de uno, y toda la vida vio a su papá echar la madre (la de él) con cada derrota, y celebrar con cada victoria. En la ciudad de uno, él vivió ese ambiente alrededor cada domingo, la expectativa por el partido, las fiestas tras los títulos y la pesadumbre de las eliminaciones. Pero ya esto no es necesario: ahora uno puede seguir tranquilamente a Patriotas estando en La Plata (Huila) si tiene DirecTV, o en La Plata (Argentina) si tiene una conexión de Internet y rcnmundo.com no está caída. Ese ambiente de saturación puede crearlo uno mismo, y si da la casualidad que esa saturación la impulsa un periódico hablando sólo de Millonarios y Santa Fe, o un canal de televisión que no pasa más partidos que de Nacional, es lógico que uno comience a intersarse por esos equipos.

Porque al final, la pelea de por qué se hace uno hincha de un equipo es vacía. No tiene realmente ningún asidero pelear por gustos. Es como pensar en por qué le gusta la persona con la que tiene algo: o se deshace en obviedades y lugares comunes para justificarse, o simplemente no tiene razón: "me gusta porque me gusta y ya". Pelear por eso es innecesario y redundante, una pelea ilógica que lo único que demuestra es el ítem de superioridad percibida de los que dicen tener razones profundas para hacer barra por los equipos que le hacen barra. Que curiosamente, son hinchas casi siempre de Millonarios o Santa Fe.

O realmente no es tan curioso. Es un tema de superioridad moral percibida por los hinchas azules y rojos, porque son equipos que captan fanàticos a pesar de no ganar torneos. Cuando uno les pregunta la razón, eximen temas profundos: normalmente son bogotanos, o son hinchas del equipo porque la familia era hincha de ese mismo equipo. Es decir, porque el papá se hizo hincha de un Santa Fe como el de Alfonso Cañón y Ernesto Díaz, o porque en los tiempos de colegio estudiaba con hinchas del Millos de Vanemerak, Gamero y el Panza Videla. Equipos ganadores, lo que los iguala a los que hoy se hacen hinchas del Nacional de Pabón y Macnelly, o del Barça.

En síntesis, la columna de Zableh es simplemente una forma más de expresar un perjuicio. El prejuicio de que quien es hincha del Barcelona es un hincha exitista que abandonará el barco en ese momento. Es probable que eso suceda cuando a los culés los reemplace un Inter, un Madrid o un Manchester City; pero habrá seguramente gente que siga siendo barcelonista. Y este prejuicio de Zableh, en realidad, demerita los valores que tenga. Eso, o son celos porque el Barça de Guardiola adquiere tantos hinchas mientras el Madrid de Mourinho ninguno. Todo puede pasar.


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Contentillo para Todos

La búsqueda de un mejor acuerdo no fructificó. La Dimayor se enranchó en su posición, Telmex, Une y Telefónica se enrancharon en las suyas, y por tanto no va a haber FPC en esos tres operadores. Es decir, quien quiera ver la Liga, tendrá que pasarse a DirecTV, SuperCable o los comunitarios que están autorizados para transmitir los ocho partidos de Liga, y el partido de lunes en la B en su señales.

Por supuesto, eso deja por fuera al 90% de la población que tiene televisión paga, pero no con esos operadores (la gran mayoría de estos, como este servidor, atados a Telmex). Lo que conduce al objetivo original de este artículo: hoy, el senador Luis Fernando Duque radicó un proyecto de ley para que el Fútbol Profesional Colombiano vaya a la televisión pública. El proyecto se llama tal como su evidente inspiración argentina: "Fútbol para Todos". Y es un revuelto escandaloso que mezcla interés público, comercial, monopolios, televisión y dinero. Todo con el fin de poder tener el fútbol fuera de los operadores generales.

Me permito tomar el presente aparte del proyecto de ley, que tiene la justificación por la cual las transmisiones del fútbol colombiano deben ser consideradas como "de interés público" y, por ende, propiedad del Estado:

Para la declaratoria del fútbol Profesional Colombiano como evento de interés para la comunidad se debe tener presente que el fútbol:
a) Es el deporte con más arraigo y popularidad en Colombia y está inmerso en la cultura nacional.
b) Tiene relevancia nacional e internacional e involucra a todas las regiones de Colombia.
c) Contribuye con la formación y fortalecimiento de la democracia.
d) Es un evento con tradición y vocación de permanencia en todo el territorio colombiano.
e) Es un evento generador de entidades que permite aflorar sentimientos de pertenencia en toda la nación.
El carácter populachero de la propuesta se nota al ver que se considera al fútbol como un evento que "involucra a todas las regiones de Colombia". Considerando que todo el sector de la Orinoquía, la Amazonía y el Pacífico no tienen realmente participación (eso hace el 60% en área del país), entra ahí una gran duda en el FPC. Así mismo, la opinión que el fútbol colombiano "contribuye con la formación y fortalecimiento de la democracia" es sumamente dudosa, pero va uno entendiendo cómo va la cosa por ahí.

El proyecto de ley exige que los derechos se distribuyan "de modo tal que se garantice la transmisión en directo de dichos encuentros a todo el territorio nacional" (artículo 6). Y esto "se considerará cumplido con la transmisión a través de una emisora de televisión abierta nacional" (artículo 7). Sólo hay cuatro señales capaces de cumplir con eso: Caracol Televisión, RCN Televisión, Canal Uno y Señal Institucional. De ahí se desprende que la transmisión se tendrá que hacer por una de estas cuatro señales, la que quiera: y si los canales consideran que, por ejemplo, el Real Madrid tiene menos rating que El Precio es Correcto, es evidente que esto tendrá que hacerse por la señal pública. Es decir, el gobierno tendrá que bajarse los US$60 millones por año que la Dimayor le exigió a Telmex para transmitir la liga.

¿Es viable? No creo que el gobierno tenga la disposición o los recursos para sacar $100 mil millones al año, por poner un estimativo conservador, para pasar la Liga. Además, la situación descrita es muy diferente al monopolio que argumenta el proyecto de ley, que sí ocurrió en Argentina hasta 2010. Entonces, la AFA había vendido al Grupo Clarín los derechos de la A, B Nacional y B Metropolitana; Clarín llegó a poner canales de PPV para ver el fútbol argentino, y a exigir que los goles no fueran transmitidos en ningún lugar del mundo hasta que los pasara Fútbol de Primera, en Canal 13; esto hacía, automáticamente, que partidos que se jugaban el viernes necesitaran más de dos días para poder verse sus goles.

Hoy día no sucede nada de eso en Colombia. Los goles son transmitidos el mismo día que se hacen (para la prueba, ver el noticiero de Caracol un sábado por la noche, donde muestran los goles de los partidos de las 3:30). La señal va con los paquetes básicos de los operadores que la tienen, que son varios: aparte de DirecTV, está Supercable, las señales comunitarias, y el partido abierto en RCN.

Ahora, en Argentina la señal del Fútbol para Todos es un repositorio de la publicidad del gobierno argentino. Los que deseen poner partidos de la A lo pueden hacer gratuitamente, pero a cambio deben tener los comentarios originales, las cuñas originales que la productora pone, y estas están restringidas a la de Iveco, patrocinador oficial del torneo, y a cuñas del gobierno de Cristina Fernández. ¿Se imagina usted, querido lector, una transmisión saturada de publicidades de la CNTV, Acción Social, los Ministerios y la DIAN? Se lo dejo para que lo piense.

Finalmente, una reflexión. Es cierto que el FPC tiene un interés masivo. Pero, ¿amerita esto sacar $100 mil millones de nuestros impuestos? ¿Aplastará la transmisión de los partidos del FPC a temas de seria discusión en el país, como lo ocurrido esta semana en Transmilenio? ¿Sucederá de nuevo lo ocurrido en 1985, cuando la ministra Noemí Sanín hizo su primera gestión a favor de Millonarios (?) poniendo el partido Millos - Unión Magdalena en vez de lo ocurrido en el Palacio de Justicia? Son cosas que dejan muy mal sabor de boca, y que hay que tener en cuenta antes de aplaudir porque se pueda ver Pasto - Equidad o Patriotas - Santa Fe en señal abierta.

Adenda: Fuera Páez. Fuera Javier Álvarez.


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Pasto de Castro

Chelo de Castro es un periodista deportivo barranquillero, que por obvias razones le hace barra al Junior. Tiene una columna de opinión en El Heraldo, la cual, como buena columna de opinión, no tiene censura. Pues bien, el pasado 16, dicho periodista aprovechó su espacio en el diario para enviar esta carga de profundidad al pueblo nariñense (y al boyacense, de paso) porque la Dimayor decidió programar Pasto - Junior para el 12, partido que empató a un tanto.

Hay que decir que un viaje entre Barranquilla y Santiago de Chile es largo (y que el Junior debe hacer dos en la Libertadores, para visitar a Unión Española esa semana, y a la Universidad Católica en abril). Y que la preocupación de Chelo de Castro, es válida: es desgastante estar cruzando América del Sur para luego llegar a atravesar el país. Pero ahí van dos temas relacionados: uno es un tema de preparación del equipo. El otro, de las opiniones directas del periodista sobre la ciudad de Pasto.

Por un lado, es evidente que el Junior conocía esto desde que se conoció el calendario de los torneos. Tendría que ir a jugar contra Unión Española entre semana, y luego viajar a Pasto. Ambos viajes pusieron unas 9000 millas en los tiquetes de LifeMiles del cuadro tiburón. Las directivas sabían que en un momento dado tendrían que jugar tres torneos que se cruzaran, y debieron hacer lo que hizo Nacional, que para afrontar copa y algunos partidos de liga armó una buena nómina suplente; tan buena, que pudo ganarle a Millonarios. Si los Char no lo hicieron, a llorarle al mono de la pila.

Luego de hablar de los errores del Junior, a joder a Chelo de Castro. El viejo cree que porque el Junior es tu papá, todos tienen que rendirle pleitesía: ergo, si una decisión no está diseñada para favorecer a los barranquilleros, es persecución cachaca. Si bien eso es una cuestión medio difundida entre los costeños, que muchos creen que cualquier crítica a ellos es porque los cachacos les tienen envidia o los quieren joder (incluida esta columna: espero los comentarios). Pero la Dimayor no aplazó el partido porque no era necesario: se demostró que los equipos podían hacer el viaje. Incluso, pienso yo, pensaron las directivas de Dimayor (y que Chelo de Castro recuerde de dónde salió Jesurún) que podían llegar a Bogotá o Cali y de ahí a Pasto, sin tener que parar en Barranquilla. Reprobable, tal vez. Pero es el reglamento. Y pedirle a la Dimayor que ajuste el reglamento es cosa imposible.

Ahora, a lo pulpito de la columna de Chelo: Pasto. La queja de de Castro va más allá de la simple crítica porque el Junior empató. Habla del estereotipo del pastuso como bruto, se queja de la altura, el clima y la llovizna. Y remata diciendo que el error del Pasto es existir (bueno, no tanto así: que el error fue que la Dimayor dejara entrar al Pasto a segunda!), y que ni Pasto ni Tunja se merecen los tres equipos (Chelo sólo menciona dos, se le olvidó un tal Patriotas) que tienen en el FPC.

No sé cuál es el argumento de Chelo para decir que Pasto no merece tener la Liga Postobón, más allá de una pataleta insulsa y apropiada del más rancio y retrógrado regionalismo. Hasta donde mi memoria alcanza, lo único que se necesita para tener un equipo en primera es subir de la B, sea ganando el torneo o la promoción. Y lo que se necesita para tener un equipo en la B, es tener 25 jugadores, pagarles sueldos a ellos (así no los paguen muchos equipos) y tener un estadio con ciertas medidas de seguridad y comodidad. No más. Ahí no sale nada de tamaño de ciudad, ubicación, cultura, hinchada, nada de nada.

Además, el Pasto es un equipo digno de primera. Ha ganado título y estado en la Libertadores. El Departamental Libertad tiene capacidad de 27000 espectadores y cumple normas Conmebol. Le van 10000 todos los partidos. No es que esté recién ascendido, como Patriotas o el Itagüí del año pasado: con este, lleva 20 torneos en Primera A. Y la gente se ha quejado porque llegar a Pasto es complicado en avión, debido al aeropuerto y ciertas restricciones de clima. Pero nadie había montado la pataleta que montó Chelo de Castro en su columna. O nadie había tenido el descaro de publicarla.

Ernesto McCausland, director de El Heraldo, prometió en el cabezote que se tomarían medidas "de fondo" en la Palestra Deportiva por los insultos innecesarios al pueblo nariñense. No creo que se le cancele la columna, porque desafortunadamente la ideología expresada en esta es común en muchos costeños (para la prueba, vea los foros de fútbol o los comentarios en El Tiempo y El Espectador). Pero sí sería conveniente una disculpa explícita de Chelo de Castro, y que se dedique a hablar de fútbol, que es para lo que le pagan en esa columna. Si no, de otros deportes. Sin necesidad de tener que insultar a una ciudad por la incapacidad de su equipo para jugar bien.

Adenda. Un comentarista me hizo caer en cuenta que estaba cometiendo el mismo error de Chelo de Castro, haciendo alusiones innecesarias a ciertas percepciones de la costa atlántica y sus habitantes. Me disculpo con aquellos que se consideren ofendidos por estas opiniones. Así mismo, anoto a las 5 de la tarde del 20 de febrero que el periodista se disculpó en La W esta mañana.


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