Este Mundial de las sorpresas

Quién lo hubiera pensado el 12 de junio.

Die besten, die Champions


Quién hubiera esperado ver hoy, en esta noche de Río, a una Alemania campeona con el fútbol más vistoso del campeonato. Claro, para muchos el equipo de Löw era favorito, pero la forma de jugar, más propia de la España del 2010 o la Holanda del 74, no es algo esperado. Die Mannschaft, la selección en donde las mayores figuras son el líbero Beckenbauer y el goleador Gerd Müller, que hizo a Klose el máximo artillero de la historia de los Mundiales a punta de goles prácticos, ahora es la defensora del jogo bonito ante el pega forte brasileño. Y funcionó tan bien que le dio para ganar su cuarta estrella, de qué forma.

Aunque también, quién hubiera esperado ese jueves, mientras 200 millones de brasileños se desgañitaban cantando el himno en simultánea a los 11 que estaban en el gramado del Itaquerao, que un mes después esos mismos once se irían chiflados luego de llegar a las semifinales raspando, salvándose de la eliminación en octavos por un palo en el minuto 119, perdiendo a su mayor figura en cuartos y recibiendo diez goles en los últimos dos partidos. Brasil fue una selección sin alma, que se quedó en el modelo de Scolari del 2002 (defiendan bien atrás que adelante los magos Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo lo hacen todo) pero sin magos. Solo Neymar. Y cuando Neymar hizo falta y se les perdió la solidez defensiva que daba Thiago Silva se comió 7 de Alemania, que aprovechó un accidente del fútbol y metió una humillación histórica.

Y quién hubiera supuesto que Costa Rica, en aquel momento en que iba perdiendo su debut, llegaría hasta cuartos de final. Desde el sorteo muchos le apostaron a que sería el último del Mundial: Uruguay, Italia e Inglaterra eran demasiado. Pero no. De la mano de Pinto llegaron a un octavo puesto merecidísimo, con un equipo ultratáctico, sólido en defensa y con un Keylor Navas imperial, además de los goles de Campbell. Este equipo de Pinto se merece el mote de la sorpresa de la Copa mucho más que Colombia, porque al fin y al cabo la Selección tenía los jugadores para llegar a cuartos, pero que los ticos llegaran a forzar a Holanda a los penales era algo que nadie esperaba. Excepcional el trabajo del sangileño con esos 23 costarricenses.

Y quién se hubiera esperado, luego de aquel partido en que Argentina ganó en las últimas a Irán, que llegaría a una final que perdió en tiempo extra ante la tromba alemana. El equipo de Sabella fue de menos a más, en un crescendo que hizo que el foco se diera menos en un Messi que sacó al equipo de fase de grupos pero fue en caída constante, pero que con Mascherano y Di María logró llegar a la final. La ausencia del Fideo fue letal para las aspiraciones argentinas, aunque a punta de huevos llegaron a reeditar la final del 90, con idéntico resultado: 1-0 en tiempo extra. Esta vez no hubo un Codesal, aunque todavía en la 9 de Julio deben estar gritando que era penal la falta de Neuer a Higuaín.

Y así hay más cosas. Quién hubiera esperado que a Inglaterra y España la sacaran una fecha antes de terminar la ronda de grupos; que la Holanda que empezó metiéndole 5 al campeón vigente terminara en ceros con un equipo costarricense en la semifinal; que el goleador fuera un muchacho de 23 años de Colombia en vez de una de las grandes figuras de Adidas y Nike; que Messi, a quien el Mundial se le fue deshaciendo en sus pies y terminó caminando la cancha, fuera más Balón de Oro que Robben o Müller; que Argelia llegara con un equipo lleno de franceses e hijos de franceses y Francia con uno lleno de africanos e hijos de africanos, que Iván Mejía creara cuenta de Twitter y le quedara gustando. En fin.

Y sobre todo, quién hubiera imaginado aquel 12 de junio, con la ceremonia de inauguración, que este iba a ser el torneo más emocionante, por lo menos, desde el 86. Ver a Colombia arrasando con su grupo y perdiendo dándolo todo ante el local es apenas una de las emociones que los 64 partidos jugados en 32 días, en 12 ciudades de América del Sur, dieron al mundo. Escenas como el gol de Cahill a Holanda, el de James a Uruguay, la caída de Sabella, la entrada de Tim Krul para atajar dos penales ante Costa Rica, la mordida de Suárez, los bailes de Colombia, las lágrimas de Mondragón, hacen parte ya de la historia de este rico fútbol que ya pasó sus 150 años de existencia organizada.

Desde el momento en que Marcelo anotó en campo propio el primero de los 171 goles que íbamos a vivir en la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014, debimos haber visto que este iba a ser un torneo lleno de sorpresas. Para Colombia estaba reservada una de las más gratas: el goleador. Ya hablé mucho en el post anterior del equipo que terminó con la menor cantidad de faltas (a pesar del partido ante Brasil), pero a James Rodríguez no le sobra ningún homenaje.

 Oeeee oe oe oeeeee, Jameeeees, Jameeeeees!

Esto no se va a repetir en Rusia, ni en Qatar Estados Unidos. Esto depende únicamente de lo que es Brasil como cuna del fútbol: incluso el miedo de los propios brasileños a un Maracanazo explica por qué la canarinha terminó tan mal. Esas condiciones que genera la historia futbolística de la tierra de Friendreich, Leonidas, Pelé, Garrincha, Zico y Ronaldo son muy difíciles de repetir. Por eso este fue un Mundial único. Y no hay que sentir tusa en el amanecer de este lunes por el Mundial que se nos fue: hay que recordarlo gratamente, como la fiesta que fue y en la que nosotros no fuimos mirones ni meseros, fuimos durante mucho rato el alma de la fiesta. En cuatro años volveremos. Y esta vez espero estar ahí.