Crónicas de estadio: la hinchada partida

Minuto 43, segundo tiempo, Millonarios perdiendo 1-0, volcado al ataque, Wason Rentería recibe, tira al arco... y bota la opción más clara del equipo en todo el partido. Una parte de la hinchada en oriental, con la piedra afuera al ver cómo su equipo quedaba eliminado de forma ignominiosa de la Copa Libertadores 2013, estalla.

- Wason, Wason, hijueputa!

La otra parte de la hinchada empieza la rechifla, y comienza a gritar y a alentar a Wason. Y a putear a los que explotaron con Rentería, tratándolos del madrazo más grande que la hinchada del cuadro embajador tiene para sus miembros: "clasiqueros". Esos hinchas que arrasan con la boleta cuando se juega un partido importante como el de Corinthians que se disputó hoy y en el que sucedió este caso. Pero que cuando el equipo va mal se desaparecen.

Y esos mismos hinchas que se las dan de los mejores porque van a partidos contra Alianza Petrolera o Quindío son los 8000 que el día contra Patriotas al final del torneo 2012-1 pidieron a los gritos que se fuera Páez, trataron a los jugadores de mercenarios y cantaron el histórico "jugadores, la concha de su madre". Todavía hay varios de esos jugadores, la concha de su madre, en el equipo que perdió hoy. Uno de ellos, Wason. Además el capitán, Candelo. Y súmese a Otálvaro, Franco, Ochoa, Ganiza. Seis de once. Los mismos que fueron aplaudidos como héroes al ganar el título. Y que hoy se fueron despedidos entre aplausos y lágrimas, entre silbidos y puteadas de barra a barra. Para la muestra un tweet.

Originalmente este post iba a ser sobre las múltiples peleas entre hinchas de Santa Fe y Millonarios por redes sociales, que se han recrudecido con los títulos recientes de ambos equipos. Pero después de lo visto hoy en el Campín, creo que es mejor hacerlo enfocándonos únicamente en los últimos: con una hinchada partida y aparte sumamente agresiva,se puede hacer este mismo análisis, aunque también suceda en las toldas rojas.

En Millonarios las cosas no pintan bien con respecto a la relación hinchada - equipo. Por un lado está la comunidad históricamente "gobiernista", si se quiere, que fue la que aplaudió a López hasta que se hizo insostenible. Los que ahora celebran que Millos tiene la bandera más grande del mundo (llamada en la red social "el pañuelo de lágrimas más grande del mundo"). Y por el otro están los pendejos de oriental norte, los que putean, los clasiqueros que se la pasan echando la madre cuando un jugador se come un gol.

Yo no estoy de acuerdo con partir a la hinchada así. Obviamente hay mucha gente que no hace parte de esos dos extremos. Pero la idea es que no debería haber tales extremos! Es una hinchada que supuestamente está en el mismo lado del río, haciéndole barra al equipo. No digo que no se pueda putear, pero tampoco que el rival sea el cuchito de al lado que se frustró. Se supone que Millonarios somos todos.

Hay un conocido mío que es el hincha más crítico que Millonarios tiene en Internet. Uno de esos que no es capaz de ver un partido sin decir "estamos mal en esto", así se haya ganado 6-0: "hay que cuidarnos con esto, esto y esto". Pero cuando va a la cancha va a apoyar. Un día le pregunté por qué puteaba tanto en la red y apoyaba tanto en físico, si eso no era incoherente. Su respuesta: "claro que no. Yo voy al estadio a apoyar, si quisiera echar la madre no pagaba una boleta bien cara para ir a decir que todos son unos hijueputas." Y sí. De nada sirve ponerse a decir que uno es hincha del más grande, si se la pasa denigrando de dicha grandeza cada nada.

Nuevamente, tampoco soy una foca que aplaude todo lo que se inventan los directivos. En posts anteriores lo he dicho: Millonarios juega mal, los delanteros no la meten así corran mucho, Wason está con el arco cerrado, Candelo no da más, etcétera. Pero tratar de hijueputa a Wason, o de petardo a Montero, o de descarte a Leudo, eso sí no. La emoción no es pelea. Y ojalá ahora que se vienen dos clásicos consecutivos, la hinchada esté unida para apoyar a este equipo que, jugando como juega, con los limitantes que tiene y demás, está arriba y a tres puntos. Al fin y al cabo una cosa es el campeón vigente del Mundial de Clubes y otra el líder de la Liga Postobón...


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Una breve reflexión sobre Millonarios en la Libertadores

Cuando uno lee los comentarios en Twitter del partido que acaba de concluir, en el que San José ganó 2 - 0 a Millonarios en Oruro, parece que hiciera falta todo.Para unos el problema es de defensa. Para otros, de línea de marca. Algunos más se quejan de los volantes de armado. Y casi todos, de la ofensiva. Pero para todos es claro que este equipo de Millonarios está mal. No parece el mismo que ganó la 14 hace tres meses, ni que llegó a semifinal de Suramericana. Y no lo es.

A este Millonarios que arrastró su paso con más pena que gloria por la Libertadores le faltó alma. Garra. Esa garra fue la que mostró cómo pudo voltearle el partido a Gremio en Bogotá. La que llevó a los suplentes a ganarle un partido complicado al Tolima, mientras los titulares sufrían con Tigre. Y esa garra quedó ausente desde el primer momento, cuando se perdió en un mal partido con Xolos.

Que no hubo los refuerzos esperados, es cierto. Debía haber un reemplazo para Máyer Candelo, y un lateral que hiciera más que Luis Mosquera o Martínez. Pero no se puede decir que Freddy Montero, Dawling Leudo o Rufay Zapata sean pintados en la pared. Y aun así, de nada sirve esto si Montero se queda parado, si Hernán Torres se casa con Wason Rentería y Robayo, si no se sabe la posición de Leudo. Ahí también está Ánderson Zapata, que ni lo han puesto. Y la base de la 14 se mantiene, más allá de la salida de Cosme y Omar Vásquez.

E igual, este equipo que perdió sin ganas, sin orden, sin vergüenza, es el mismo que en estos momentos va de sexto en la liga, con el mismo puntaje del cuarto y un partido menos. Eso no es un atenuante. Un equipo como este, que se dice grande, debe revalidarlo, y sinceramente hoy jugó muy mal. Eso se aceptaría de un Pasto cuando en el 2007 llegó a la Libertadores y se fue sin sacar un punto, pero de Millonarios no. Por eso tanta gente se burla hoy. Porque se espera de este equipo que tenga, si no nivel, al menos garra. Que se pierda, pero no porque no se hizo nada. Millos perdió porque no hizo nada.

Queda la Liga Postobón, y la Copa. Queda la oportunidad de ir por la 15, y volver el próximo año a la Libertadores. Pero también debe quedar la experiencia que un equipo debe validar su grandeza continuamente, y no es más grande porque tenga un grupo de gente gritando que son lo mejor cuando acaban de ser bailados por un equipo de la peor liga de América del Sur. Y si Millonarios vuelve, que no llegue a asustarse ante las cámaras de Fox Sports. De eso fue capaz en la Suramericana 2007. Y en la 2012. Si se da una Libertadores 2014, lo mínimo que uno espera es que no se los trague el miedo escénico. Y que hagan lo posible para mostrar una grandeza. Para hacer crecer esos laureles reverdecidos en los últimos dos años. En fin, para que se vuelva a hablar del Ballet Azul como un gran equipo y no como un chiste de páginas de memes.


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Caballito dopado

La entrevista de Lance Armstrong a Oprah Winfrey de hoy develó un rumor que circulaba a gritos en el ciclismo mundial. El ciclista estadounidense, que venció al cáncer de testículo para ganar siete Tours de France, confirmó que sus victorias en tierras galas fueron impulsadas por el dopaje. EPO, transfusiones, Mercia, cualquier cosa que sirviera para aumentar el rendimiento fue usada por el equipo US Postal para que su líder venciera en el Tour. Y hoy, ante Oprah, reconoció lo que no había querido reconocer ante los jueces de la USADA (Agencia Antidopaje de Estados Unidos), que lo despojaron de sus títulos. 

Las implicaciones de que Armstrong haya reconocido su dopaje van mucho más allá de una entrevista a una estrella mediática como Oprah Winfrey. Lance está advirtiendo que el uso de sustancias potenciadoras del rendimiento es una cosa que, lejos de los esfuerzos de la Unión Ciclística Internacional, Amaury Sports (el grupo organizador del Tour de France y de muchas otras carreras en Europa) y la WADA, sigue vigente en los equipos ciclísticos, e incluso deja un manto de duda sobre la propia UCI. ¿Cómo pudo una organización tan meticulosa en apariencia, luego de los casos del equipo Festina, Floyd Landis y la Operación Puerto, dejar pasar lo que sucedía en el US Postal? Si hubo complicidad de la UCI, no se sabe aún.

Lo cierto es que el ciclismo queda muy mal parado. Armstrong dice que es imposible ganarse una carrera así (lo que no sólo incluye al Tour, sino a las otras dos grandes, el Giro de Italia y la Vuelta a España) sin tomar pastas. Y por las experiencias de años pasados, parece ser así: Alberto Contador ya sufrió una suspensión por dopaje. Jan Ulrich, uno de los principales rivales de Armstrong en esos Tours, cayó en la Puerto, tal como Alejandro Valverde, Iván Basso, Santiago Botero, el difunto Marco Pantani y dos equipos enteros. Michael Rasmussen y Alexander Vinokourov (medallista de oro en ruta de Londres 2012) fueron retirados del Tour 2007 por transfusiones. Y así.

Y eso va mucho más atrás: en los 60 las anfetaminas eran las drogas elegidas para mejorar la capacidad y la resistencia de los ciclistas, llegando incluso a matar a Tom Simpson por deshidratación. Un examen en 1974 de anfetaminas agarró, entre otros, al histórico Eddy Merckx. La ilegalización de las anfetaminas hizo que otros se doparan con cortisona y demás esteroides. Y luego llegó la era de la EPO, las transfusiones y demás mecanismos para que la sangre se oxigene más rápido y tenga mayor capacidad de transportar oxígeno, mediante un aumento de los glóbulos rojos llamado "factor hematocrito".


Por otro lado, esto se puede lograr de forma natural, y es parte de la explicación del poder de los ciclistas colombianos en las montañas. Mi padre, que es docente de educación física, cuenta que un día apareció en Tunja gente de una agencia de dopaje con los abogados de un ciclista colombiano (mis excusas: no recuerdo el nombre del ciclista) al que acusaban de usar transfusiones de sangre debido al factor hematocrito elevado que tenía. Los abogados argumentaron que esto se puede conseguir naturalmente y se fueron a Paipa a probarlo: cogieron gente al azar en la plaza y les tomaron una muestra de sangre. Y todos, desde el niño de colegio hasta la vieja campesina, tenían un nivel de factor hematocrito que envidiaría Andy Schleck. No les quedó más remedio a los miembros de dicha agencia que dejar de importunar al ciclista.

El caso es que estas ventajas naturales no las tienen todos los ciclistas. Y si bien se puede decir que es injusto que un ciclista pueda contar con un factor hematocrito alto por haber nacido en suerte en Cómbita o Chocontá, lo es más que un deportista se "ayude" a punta de medicinas y transfusiones que pueden dañar su salud: una sangre con hematocritos altos es más espesa y, por ende, tiene mayores probabilidades de provocar infartos o embolias. Y al final de cuentas, la idea del deporte es que gane el que hizo su mejor esfuerzo, no el que consiga el mejor médico o el que tenga más plata para esconder su dopaje.

En este sentido, el ciclismo está en crisis. Este cuadro de Wikipedia muestra cómo los top 10 del Tour de Francia entre 1998 y 2012 han sido en su gran mayoría vinculados a, acusados de, o miembros de redes dedicadas a doparse. Y un deporte que ha mostrado grandes hazañas, entre las que se incluye la aparición de un sobreviviente de cáncer entre sus figuras, no puede presentarse como una carrera de científicos contra agencias, una suerte de juego de policías y ladrones para dopar gente y ponerla tres semanas a montar cicla por Europa. Esto es un remezón muy fuerte a las estructuras ciclísticas, y como aficionado a los caballitos de acero, quisiera pensar que va a servir para evitar que las carreras las ganen los caballos dopados.


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La resiliencia de Millonarios

Anoche, 7:50 pm, las 38000 personas que estaban en el Estadio Nemesio Camacho, y las más de 50000 que estaban en el Parque Simón Bolívar, y los 7 millones de hinchas que según El Colombiano tiene Millonarios en el país, pudieron lanzar el grito que desde 1989 estaba atascado: campeones. "La catorce, tenemos la catorce!". Porque ya nadie puede quitarnos a los hinchas azules esa estrella 14 que tantas veces estuvo cerca, y otras tantas estuvo muy lejos.

La verdad, reconozco que hace siete meses no creía eso. El equipo dio un vuelco total anímico, que no técnico: no se podía pedir mucho si se seguía con los mismos Cosme, Wason, Mayer, Franco y Román Torres a los que les fue tan mal en el primer torneo. Y eso sólo se puede achacar a una persona: Hernán Torres, el técnico que hasta ayer a las 5 de la tarde había perdido todas las finales que había disputado, y que estaba consiguiendo cierta fama de lechona. Ayer, cuando Delgado atajó el penal que fue a cobrar el joven Andrés Correa, se sacudió dicha fama y se inscribió en la lista de Paternoster, Ochoa Uribe, el Cheque García y Pedernera como técnicos campeones con Millonarios.

Y eso habla muy bien de la resiliencia de Millonarios, esa oportunidad de fortalecerse con las derrotas. Pasó luego del partido en Madrid: vino el equipo y barrió con la fase regular del torneo. Lo mismo ocurrió con Palmeiras y Gremio: después de perder con ambos en Brasil, se fortaleció en El Campín y los derrotó a ambos. Y a la eliminación de la Suramericana a manos de Tigre, la siguió con una victoria en Ibagué que lo llevó a la final. Y al penal que ayer atajó Delgado.

Pero eso fue algo que muchos de los hinchas no tuvimos. Esa resiliencia no se notó en los hinchas que, en muchos casos, estuvimos a punto de mandar todo a la mierda. Estuve en el partido contra el Junior, ese 0-0 tenso en el que sólo se escapó la alegría del hincha por volver a una final después de 16 años luego de 10 segundos que dentro del estadio parecieron 10 días. Y ayer la gente callada, casi asustada con el gol del Medellín. Las memorias de Tigre, de Madrid, de los anteriores 33 torneos en los que no se dio. Y en los penales, el pánico era patente en una hinchada incrédula.

Pánico que no se notaba en gente como Franco, que se pasó el período del cobro arengando a sus compañeros. U Otálvaro, que peleando hasta el último metro mandó el centro con el que Cosme anotó el gol azul en el minuto 44. O Delgado, la prueba física de la resiliencia. Su esposa sufre cáncer de seno, y ese aliento fue el que hizo que siguiera. Había sufrido los 8 goles del Real Madrid. Había "regalado" la anotación a Zapata. Pero anotó su tiro desde el punto penal, el sexto. Y le atajó el penal a Correa para que todo el mundo saliera y celebrara.

Eso es trabajo de Torres. Cierto que entre los principales artífices de este título está José Roberto Arango, que rescató al equipo de la barrena en la que estaba en 2008. Y Felipe Gaitán, que fue capaz de revertir sus errores para contratar a Wason, Román Torres y Otálvaro, vitales en el camino al título de ayer. Obviamente los jugadores tuvieron todo que ver. Pero Hernán Torres fue el que le dio a este equipo esa resiliencia, que por poco se le escapa a Wason cuando se agachó a no ver los penales después de anotar el suyo propio. Y eso es algo que a este equipo le faltaba. Y que al fútbol colombiano le falta. Esa garra y ese deseo de pelear hasta el último metro, el último penal, el último segundo. Felicitaciones a Millonarios. Y a Hernán Torres: gracias. Gracias, todas las gracias del mundo por darle esa garra al equipo. Suya es la decimocuarta estrella que ahora está en el escudo de Millonarios. Y sigamos así, ahora por la Libertadores y la Superliga contra el vecino. Y por supuesto, vamos por la 15.


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La inferioridad mental de Millonarios.

El Trofeo Bernabeu da un nuevo paso atrás en un deslucido partido ante un rival muy inferior.

Goal.es subtituló así su crónica del Madrid 8 - 0 Millonarios que terminó hace pocas horas en el Santiago Bernabeu. Tal cual. El Real Madrid de José Mourinho nunca tuvo mayor problema para vencer a un cuadro azul que estaba muy, muy, muy por debajo de las expectativas, de su historial, de la importancia del partido. Fue un equipo al que se lo tragó la cancha, al que simplemente no le dio para jugar ante el segundo mejor equipo del mundo, el campeón de la Liga 2011-12, el equipo que se da el lujo de banquear a Kaká para que meta tripleta en un torneo amistoso.

Pero el tema no es ese. En el entretiempo yo preguntaba si de verdad la gente que se burlaba por los cinco que había recibido creía que sus equipos eran capaces de hacerle partido al Real Madrid. Otros tres goles después, yo creo que ningún equipo del fútbol colombiano sería capaz de pararse ante este Madrid en ese estadio. Y no solo por la evidente diferencia de nivel entre los jugadores (al fin y al cabo, algo va de Kaká a Tancredi), sino por una diferencia mucho más sutil pero que puede llegar a ser aún más importante que la de calidad futbolística: la mental.

Los jugadores de Millonarios salieron a nada. Perdían las pelotas (en todos sentidos) cuando se enfrentaban a los de blanco. Llámese Kaká o Callejón. Y lo peor es que Torres fue capaz de plantear el partido como si no tuviera al frente al Real Madrid, sino al Real Cartagena. Un solo volante de marca en un 4-5-1 para marcar a un equipo cuyo objetivo es quitarle la pelota al Barcelona. Hernán Torres se obnubiló, y los 11 de azul se obnubilaron también. No fueron capaces de afrontar el peso del partido.

Algo que no es exclusivo de Millonarios, sino más bien, la regla en el FPC. Había que ver cómo los jugadores de Millos, América y Huila se botaban a pedir la camiseta de Falcao cuando vino de gira el Atlético de Madrid, en mayo. La Roca Martínez (que hoy hizo todo lo que le amerita su apodo: fue de piedra) sólo salió detrás de Kaká para pedirle la camiseta en el medio tiempo. Es saberse inferiores y pretender agarrar una pizca de la gloria cuando aparece, no ir a ganarla por ellos mismos. Como dice el dicho de mi tierra, "ven a Dios y se asustan".

Porque puede que nivel haya. Veamos a Falcao, que es fenomenal, y nacido acá mismo pero desarrollado en Argentina, en River, donde la gloria había que ganarla con goles y no con atisbos. Veamos la historia de Willington, o la del Pibe. Tipos que tuvieron hambre de gloria y que la consiguieron, y que combinaron sus cualidades con esa garra. Veamos a Uruguay, que en el 2010 no era ni mucho menos equipo para ser semifinalista pero a punta de coraje (así sea el de Suárez para meter la mano y convertir un gol fijo en penal, en el partido contra Ghana) lo consiguió. El mismo Di Stéfano, que era el homenajeado hoy, decía en una entrevista que en sus tiempos de jugador, pedía a los compañeros hacer cinco goles: tres por ellos mismos y dos por los hinchas.

Tal vez Millonarios no vuelva nunca a jugar contra el Real Madrid. Pero si se da de nuevo, ojalá sea con esa valentía ya puesta. Y ojalá el nivel del fútbol colombiano dé para reemplazar las falencias técnicas con garra, que tanto nos falta. No estoy de mal genio porque se haya perdido 8-0 con el Madrid: lo estoy porque el equipo nunca tuvo la intención de conseguir un golcito, el de la honra. Que es el gol de la honra porque demuestra que el equipo tuvo el honor de ir a buscar el partido a pesar de todo. La honra no era poner 11 tipos contra el Madrid en el Bernabeu, sino jugarles el partido, y eso Millonarios no lo hizo.


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Ni un peso a esos petardos

Tres medallas de plata y una medalla de bronce, con amplias posibilidads de al menos una. Hoy, 8 de agosto, ese es el balance de los Juegos Olímpicos de Londres para la delegación colombiana, de 105 deportistas. 105 historias diferentes, desde un ciclista que hace parte del mismo equipo que el ganador del Tour de France (y de hecho ganador del oro en contrarreloj) hasta una judoka cuyo entrenador trabajó tres años sin cobrar, porque no tenía aprobados recursos para su trabajo.

Recursos, una palabra que se ha mencionado mucho en estos meses. La gente, la misma gente que se olvidó de los atletas que sacaron medallas en Beijing 2008, y la misma gente a la que en un año no le va a sonar el nombre Yuri Alvear, está en estos momentos de brillante efervescencia pidiendo a grito herido que se le quite el dinero a los petardos que se visten de amarillo, que juegan regados por el mundo y que son "dirigidos" por un argentino para pegarle (mal) a un balón. En síntesis, que no se le dé más plata a la Selección Colombia de fútbol masculino.

Y eso es, para empezar, populachero. Saltar a decir que hay que apoyar más a los tres que ganaron que a los 18 que no ganaron nada es, directamente, subirse a su propio bus de la victoria: acaso Urán corre para el Colombia es Pasión? O dónde estaban los recursos del sueldo del entrenador de Yuri Alvear en los últimos tres años? Ahora sí se justifica apoyarlos?

Porque tampoco es que los atletas olímpicos no tengan tal apoyo. El Centro de Alto Rendimiento en Bogotá es uno de los más completos de Latinoamérica. Coldeportes ha invertido en este ciclo olímpico una cifra récord. Otra cosa es que con los números exorbitantes que maneja el fútbol, la inversión de Coldeportes se vea pobre en comparación.

Dinero que, por otro lado, no sale propiamente de Coldeportes. El del fútbol, me refiero. La inversión en el fútbol tiende a ser mayormente privada, al menos al nivel selección: Bavaria, Homecenter y Movistar cubren la mayor parte de las cuentas que Pékerman y asociados cobran. En clubes la cosa es diferente, pero como estamos hablando de deportistas en representación nacional, sería justo asociarlos con sus pares de las selecciones, no con los jugadores de un Huila, Patriotas o Cartagena que sobreviven por los patrocinios de sus regiones y por los pocos que van cada quincena al estadio.

Porque ahí está otro de los problemas del deporte colombiano: la falta de apoyo no es solo que papá gobierno bote unos milloncitos más para pagarle mejor sueldo a los entrenadores, o comprar más máquinas para el Centro de Alto Rendimiento. El apoyo parte desde las mismas competencias locales, partiendo por los juegos nacionales que cada vez están más regados porque no hay cómo hacerlos en un departamento únicamente. Competencias que en ningún lugar se ven, y a las que muy poca gente va.

Ese es el verdadero apoyo que necesitan los atletas. No es necesario exigir que todo el mundo siga taekwondo y que por ende los estadios queden desiertos. O acabar con la Federación Colombiana de Fútbol para empezar de ceros con jugadores amateurs sacados de Tumaco y Puerto Tejada. Lo necesario, eso sí, es que los colombianos en pleno apoyen más a los atletas, yendo a sus partidos, siendo audiencia cuando los pasan, y en fin, subiendo el perfil de los deportes olímpicos. Así se asegura una mayor inversión económica, y con ella, un mejor resultado en futuras olimpíadas.

Mientras tanto, si seguimos diciendo que Urán es un petardo porque no volteó a mirar a Vinokourov, si cremos que se perdió un oro en vez de ganarse una plata, no debe sorprendernos que no ganemos oros, sino una que otra plata. Y que esos petardos no reciban un peso.


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Se busca calma en Millonarios

Otro torneo, otra eliminación de los 8. Millonarios la selló el pasado sábado con una derrota ilógica contra un rival directo, el Pasto. El equipo azul sigue en la misma mediocridad que lleva desde 2003. Entre los pleitos de Páez con la tribuna, los anuncios de amistosos deslumbrantes, Ithurraldes, Leo Castros, Proyectar Valores y otros problemas, se borró todo lo bueno que se había conseguido el año pasado, título de Copa y clasificación a Suramericana mediante. La situación tiene un ominoso parecido a la posterior a la Suramericana del 2007, con un equipo armado para grandes cosas pero cayéndose a pedazos, con un téncico extranjero incapaz de reconocer su propia mediocridad, una nube de petardos liderados por un viejo ídolo de la hinchada, y un proyecto (López entonces, Azul y Blanco ahora) que parece dejar al equipo peor que como lo recibió. Lo que es mucho decir.

Sí. En el anterior párrafo fui lo más alarmista posible. Este es un modelo retórico que usaba Churchill en la Segunda Guerra Mundial, y aunque no tengo ninguna intención de asimilarme con el primer ministro capaz de levantar a Gran Bretaña y al imperio de su postración en el 40, ni estoy comparando el Blitz con la situación actual de Millonarios, sí estoy usando ese modelo retórico con la misma intención de Churchill: pedir calma y apoyo para el modelo.

En estas situaciones de crisis, los alarmistas pululan. Cuando Millonarios estaba en crisis en el 2009, Germán Casas empezó a gritar que se iba a acabar el equipo, en la rapiña en la que Juan Carlos López y Luis Augusto García lo habían sometido. Hoy, gente como Santiago Talero, el abogado que en plena asamblea de Azul y Blanco sacó una especie de "memorial de agravios" con el incumplimiento de las promesas de la administración de Felipe Gaitán, tiene la posición de Casas de servir como profetas de la catástrofe. Con los problemas de Proyectar Valores, y su vinculación con varios de los principales accionistas de Azul y Blanco, el tema financiero resulta preocupante, y no colabora para nada que los hinchas pidan una barrida total del equipo que dio más pena que otra cosa en la Liga Postobón 1.

¿Por qué pido calma en Millonarios? Porque se necesita y no se consigue. Cuando se pide una barrida total, se pide que se haga una contratación masiva, para la cual no hay recursos. Sin esos jugadores que se piden, da la apariencia que se va a jugar a sobrevivir, a ver si de pronto entramos a los ocho por la puerta trasera. Y si no se entra a los ocho, no hay ingresos de taquilla ni clasificación a copas internacionales, y la gente deja de ir, lo que da aún menos recursos para aún menos contrataciones, miles de auditorías para todos (?) y todo termina en la B, como con el América.

ALTO!

Hay un fenómeno exclusivo de Millonarios, que es la presión. No hay equipo que esté más presionado que Millonarios. El "movete, dejá de joder". La prensa analizando cada paso que se dé o que no. Y no sólo la prensa local, sino la nacional: los noticieros, los programas de RCN, Todelar y Caracol, El Tiempo. Todos pendientes y echándole demasiada presión a un equipo que no aguanta más, que se puede reventar como una olla. Y mientras más se putee, más presión se le va a echar hasta que estalle, y ahí hay que ver qué queda, si queda algo.

Por tanto, la solución es quitar la presión. No desviarla, como se hace con las acciones de Noemí con jeques, partidos en Madrid y convenios con clubes europeos. Tampoco evitarla, como lo hace la misma junta directiva ignorando todo y no dando la cara ante la prensa.

Pero, ¿cómo quitar la presión? A continuación, una opinión tripartita de lo que debe hacerse para bajarle la presión a esa olla a punto de estallar.

La primera punta es la directiva. Puede tomar lo que han hecho equipos como Equidad o Chicó: darle estabilidad a un cuerpo técnico a pesar de los resultados. Formar jugadores y desarrollar un equipo propio. Bajar el precio de las taquillas para que vaya más gente al estadio. Y no decir que vamos por la 14, la 15 o la 16, sino hacer lo que hacen los equipos de NFL o NBA: que las directivas salgan diciendo "este es un año de reconstrucción, no nos pidan título ni entrada a los ocho". Sean honestos, por favor.

La segunda punta es la prensa. Si la directiva va a arriesgar un año de consolidación, hay que aceptar que es una consolidación, y como tal no se le puede pedir títulos. Tampoco salir a asesinar y a poner al equipo en riesgo de descenso cada vez que el equipo pierda.

Y la tercera punta es la hinchada. Pedir que los hinchas no pidan título es superfluo, así que yo creo que la prensa debe colaborar a que la gente no comience a putear como locos. Sobre todo las barras, que son los que tienen más aguante pero no se aguantan un mal pase. Tampoco se puede acabar a los jugadores jóvenes porque la cagan: son jóvenes, la van a cagar. Matar a un Pedro Franco o a un Cosme, por ejemplo, implica que a la siguiente van a ir presionados y van a reaccionar más mal. Si pretendemos consolidar el equipo y una nómina propia, no podemos ponernos a devaluarla diciendo que son unos petardos.

Es medio estúpido, tal vez, lo que propongo. Pero así funcionó con un Chicó, un Equidad, un Itagüí, un Santa Fe, un Tolima. Ninguno de esos equipos tiene la presión que maneja Millonarios, y los cinco han estado disputando con variado éxito la punta de los últimos torneos. Sólo se pide eso, bajar la presión. Es algo que puede ayudar a un equipo en el que esa es la única constante.


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