El Wembley de la 57

El Rose Bowl, Pasadena, CA. Desde 1932, uno de los estadios más importantes del mundo. Sede de la final del mundial 1994.

Empieza un Mundial nuevo. Los mundiales de fútbol han cambiado muchísimo en 20 años, desde el
histórico mundial de Italia. El mundo futbolero se ha expandido enormemente: los mundiales anteriores a este fueron en los históricos y brillantes estadios dedicados al fútbol americano (tanto NFL como colegial) de los Estados Unidos, a las notables canchas de la Ligue 1, a los monumentos a la tecnología de Corea y Japón, y en Alemania, en donde las canchas míticas como el Westfalen Stadion o el Olímpico de Berlín compartieron con los estadios espectaculares de Gelsenkirchen y Munich. Mucho recorre el camino entre el San Siro, el estadio de Milán donde se inauguró aquel mundial del Pibe y Milla, al Soccer City de Johannesburgo, el flamante escenario con aspecto de olla de barro, donde el viernes iniciará la Copa del Mundo de la FIFA.

Claro, los estadios son una parte trascendental del juego. El llamado "ambiente", la gente alrededor alentando por su equipo. No se puede negar que es impresionante ver un partido donde el estadio parece trepidar, como me ha sucedido todas las veces que se está en el Campín, y los Comandos y la Blue Rain comienzan a alentar. La primera vez que me pasó eso, estaba en tercer piso de Occidental, con 13 años. El susto inicial de sentir el estadio temblando fue reemplazado por la emoción, aunque fuera no más por el "movete Millos movete". Aún así, estos estadios modernos me parecen increíblemente asépticos. Demasiado refinados. Cada vez intentando parecer más cabinas de vuelo de primera clase, para el juego que llamaran al inicio del siglo XX "un juego de truhanes actuando como caballeros". Aunque hoy día es un juego de gamines actuando como tales (?), pareciera que la FIFA estuviera dispuesta a ocultar el mal nivel del juego con canchas que no tengan nada que envidiarle a un Yankee Stadium o un Nido de Pájaro.

Y así es que se pretende que actúen los equipos. A pesar del You'll Never Walk Alone en Anfield, el ambiente de los estadios en Europa se ha perdido. Una guerra completamente comprensible contra la violencia derivada de los "ebrios caucásicos con el demonio adentro", genial definición de El Siguiente Programa sobre los hooligans, hizo que en Inglaterra se diera la orden de que todo aficionado estuviera en sus sillas. Luego, la UEFA dio la misma orden para todos los estadios donde se jugaran partidos de sus competencias. Algo cuyos inicios son loables, pero que ha hecho que se pierda la pasión en un deporte que no se puede definir sin ella.

Acá en Colombia la gente critica a un Campín viejo, lo que es cierto, y dicen que sería "muy bonito" ver un Wembley o un Bernabeu. No estoy de acuerdo, por dos razones. La primera: en Latinoamérica no hay estadios realmente bonitos. La Bombonera huele a alcantarilla, debido a la cercanía del Riachuelo. El Azteca está acabado por dentro. Maracaná, antes de las remodelaciones que le hicieron para los Panamericanos, era una vieja estructura con grietas. Y El Campín es un estadio competente para lo que hay. Ciertamente, si uno lo va a comparar con la maravilla de estadios del mundo, sale perdiendo. Pero yo prefiero un Campín viejo y lleno de recuerdos, a un Soccer City que es un monumento más a Suráfrica, que al fútbol. Como diría una amiga twittera: "queda la impresión que en Suráfrica sólo hubo dinero para los estadios"...

Por otro lado, está el tema desperdicio. Estadios como el Nou Camp, el Allianz Arena, el Qwest Field o el mismo Maracaná atraen multitudes, porque sus clubes (llámense Barcelona, Bayern, Seattle Sounders o Flamengo) atraen multitudes. Incluso, el caso de los Sounders es atípico: son capaces de llevar más de 35 mil personas a cada partido, lo que es una asistencia digna de cualquier club de primera división europea. Acá en Bogotá, el Estadio Nemesio Camacho, el coloso de la 57, El Campín, no ha sido modificado, en su tamaño, desde 1962. El motivo? NO SE NECESITA.

Cuando el Campín inauguró su ampliación, que es el actual tercer piso, tenía una capacidad de 62 mil espectadores. Hoy día, gracias a cosas como la silletería o el cierre de una tribuna para manejos de emergencias y evitar que Blue Rain y Comandos se maten a puñal, la capacidad es de 48 mil personas, debidamente sentadas (así no se sienten). Pero los promedios de asistencia de Millonarios fueron de 9 mil personas. Un Wembley con 9 mil personas se vería deprimente. El Campín es más que suficiente para la liga.

Un ejemplo claro de esto es el Nido de Pájaro de Beijing. Después de los olímpicos del 2008, ese estadio no ha tenido básicamente actividad, y está empezando a deteriorarse. El motivo: Beijing encontró que no tenía a quién prestarle el estadio, con sus consiguientes altos costos de arrendamiento. Un equipo de la liga de fútbol china desistió de tomar el escenario, citando que "se vería muy mal que nosotros tuviéramos un estadio de 90 mil personas para sentar 10 mil, si mucho". Algo parecido sucedería con un Nuevo Campín, y con tendencia a empeorar, ya que las asistencias a los estadios están en su punto más bajo, tal vez, de la historia.

Ahora, un estadio moderno no tiene por qué ser lujoso. Por ejemplo, el Único de la Plata, una maravilla actualmente desocupada, sólo tiene silletería para cumplir normas FIFA. De resto, es un estadio simple, diseñado más para que la gente vea un partido que para que se asombre. Resultó económico? Claro. Y es uno de los mejores estadios de la Conmebol. Algo que no se puede decir del estadio de la UCV en Caracas, a pesar de haber sido reconstruido, en la práctica, para la Copa América Venezuela 2007: este estadio se veía triste y solo cuando en él jugaba el Deportivo Italia en la Libertadores pasada.

Tal vez los arreglos que actualmente están corriendo en el Campín, para el mundial del 2011, sirvan para actualizar su presentación. Mejorar las cabinas de prensa, los baños y las vías de salida. Pero de resto, no es necesario, ni conveniente, tumbar un estadio con tanta historia. Los equipos de Estados Unidos lo hacen, pero porque a los hinchas les interesa más poder ver el partido en un televisor de 20 metros, de alta definición, y por ESPN, que ver la acción como tal. En Colombia la gente no paga por ir a ver un partido en un televisor, dentro de un estadio. Es más, la gente no paga por ir a un estadio. Bogotá se merece un estadio nuevo, pero no un Wembley. Tal vez un estadio más pequeño, un Red Bull Arena, a la necesidad de los pequeños clubes de este país. Los monumentos también se deterioran, y es más deprimente ver un estadio recién construido y deteriorado, que un estadio viejo y vibrante. En mi humilde opinión

1 Comment:

Juanma said...

My buen post don Mache.
Igual situación la vemos en Cali, donde ya han demolido el pascual (falta un 30% para terminar de tumbar) para construir una joya de estadio. Aunque acá me parece una buena idea, el Pascual es mas que el sitio donde se va a ver jugar a la mechita o al equipo honesto; luego del torneo (durante la feria) se transforma en una de las pistas de baile mas grandes de la ciudad o como centro para algunos actos culturales; Esperemos pues que la remodelación del campín permita darle usos que lo hagan rentable.