Pasto de Castro

Chelo de Castro es un periodista deportivo barranquillero, que por obvias razones le hace barra al Junior. Tiene una columna de opinión en El Heraldo, la cual, como buena columna de opinión, no tiene censura. Pues bien, el pasado 16, dicho periodista aprovechó su espacio en el diario para enviar esta carga de profundidad al pueblo nariñense (y al boyacense, de paso) porque la Dimayor decidió programar Pasto - Junior para el 12, partido que empató a un tanto.

Hay que decir que un viaje entre Barranquilla y Santiago de Chile es largo (y que el Junior debe hacer dos en la Libertadores, para visitar a Unión Española esa semana, y a la Universidad Católica en abril). Y que la preocupación de Chelo de Castro, es válida: es desgastante estar cruzando América del Sur para luego llegar a atravesar el país. Pero ahí van dos temas relacionados: uno es un tema de preparación del equipo. El otro, de las opiniones directas del periodista sobre la ciudad de Pasto.

Por un lado, es evidente que el Junior conocía esto desde que se conoció el calendario de los torneos. Tendría que ir a jugar contra Unión Española entre semana, y luego viajar a Pasto. Ambos viajes pusieron unas 9000 millas en los tiquetes de LifeMiles del cuadro tiburón. Las directivas sabían que en un momento dado tendrían que jugar tres torneos que se cruzaran, y debieron hacer lo que hizo Nacional, que para afrontar copa y algunos partidos de liga armó una buena nómina suplente; tan buena, que pudo ganarle a Millonarios. Si los Char no lo hicieron, a llorarle al mono de la pila.

Luego de hablar de los errores del Junior, a joder a Chelo de Castro. El viejo cree que porque el Junior es tu papá, todos tienen que rendirle pleitesía: ergo, si una decisión no está diseñada para favorecer a los barranquilleros, es persecución cachaca. Si bien eso es una cuestión medio difundida entre los costeños, que muchos creen que cualquier crítica a ellos es porque los cachacos les tienen envidia o los quieren joder (incluida esta columna: espero los comentarios). Pero la Dimayor no aplazó el partido porque no era necesario: se demostró que los equipos podían hacer el viaje. Incluso, pienso yo, pensaron las directivas de Dimayor (y que Chelo de Castro recuerde de dónde salió Jesurún) que podían llegar a Bogotá o Cali y de ahí a Pasto, sin tener que parar en Barranquilla. Reprobable, tal vez. Pero es el reglamento. Y pedirle a la Dimayor que ajuste el reglamento es cosa imposible.

Ahora, a lo pulpito de la columna de Chelo: Pasto. La queja de de Castro va más allá de la simple crítica porque el Junior empató. Habla del estereotipo del pastuso como bruto, se queja de la altura, el clima y la llovizna. Y remata diciendo que el error del Pasto es existir (bueno, no tanto así: que el error fue que la Dimayor dejara entrar al Pasto a segunda!), y que ni Pasto ni Tunja se merecen los tres equipos (Chelo sólo menciona dos, se le olvidó un tal Patriotas) que tienen en el FPC.

No sé cuál es el argumento de Chelo para decir que Pasto no merece tener la Liga Postobón, más allá de una pataleta insulsa y apropiada del más rancio y retrógrado regionalismo. Hasta donde mi memoria alcanza, lo único que se necesita para tener un equipo en primera es subir de la B, sea ganando el torneo o la promoción. Y lo que se necesita para tener un equipo en la B, es tener 25 jugadores, pagarles sueldos a ellos (así no los paguen muchos equipos) y tener un estadio con ciertas medidas de seguridad y comodidad. No más. Ahí no sale nada de tamaño de ciudad, ubicación, cultura, hinchada, nada de nada.

Además, el Pasto es un equipo digno de primera. Ha ganado título y estado en la Libertadores. El Departamental Libertad tiene capacidad de 27000 espectadores y cumple normas Conmebol. Le van 10000 todos los partidos. No es que esté recién ascendido, como Patriotas o el Itagüí del año pasado: con este, lleva 20 torneos en Primera A. Y la gente se ha quejado porque llegar a Pasto es complicado en avión, debido al aeropuerto y ciertas restricciones de clima. Pero nadie había montado la pataleta que montó Chelo de Castro en su columna. O nadie había tenido el descaro de publicarla.

Ernesto McCausland, director de El Heraldo, prometió en el cabezote que se tomarían medidas "de fondo" en la Palestra Deportiva por los insultos innecesarios al pueblo nariñense. No creo que se le cancele la columna, porque desafortunadamente la ideología expresada en esta es común en muchos costeños (para la prueba, vea los foros de fútbol o los comentarios en El Tiempo y El Espectador). Pero sí sería conveniente una disculpa explícita de Chelo de Castro, y que se dedique a hablar de fútbol, que es para lo que le pagan en esa columna. Si no, de otros deportes. Sin necesidad de tener que insultar a una ciudad por la incapacidad de su equipo para jugar bien.

Adenda. Un comentarista me hizo caer en cuenta que estaba cometiendo el mismo error de Chelo de Castro, haciendo alusiones innecesarias a ciertas percepciones de la costa atlántica y sus habitantes. Me disculpo con aquellos que se consideren ofendidos por estas opiniones. Así mismo, anoto a las 5 de la tarde del 20 de febrero que el periodista se disculpó en La W esta mañana.

3 Comments:

José Urrea said...

Impecable opinión sobre el enorme error de Chelo de Castro; si con esto no entiende, creo que el bruto es él.

Juan Pablo said...

La columna de De Castro es un despropósito mayúsculo, y concuerdo enormemente con este escrito de opinión. Sin embargo, me asusta que por momentos cae en la tentación de hablar de 'los costeños' y de 'la costa', en general.

Por favor, si se trata de criticar un regionalismo recalcitrante presente en algunos costeños, lo más sabio es evitarlo en el escrito propio.

Yo soy costeño y a veces me da vergüenza ajena lo que escriben otros costeños.

xx said...

cuando un costeño, paisa, cachaco, vienen por acá se los trata muy bien; no se los discrimina ni se los minimisa